martes 29 de septiembre de 2009

Cómo gasto papeles recordándome...

Cómo gasto papeles recordándome, cómo me hago hablar en el silencio, cómo no me quito de las ganas aunque nadie me vea nunca conmigo. Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años, sin pasar yo por mí detenida.

Me doy una canción, como mínimo. Aunque jamás imaginé que podía pensar en mí como amante mía, y mucho menos con la letra de Silvio - tan atinada en este (mi) momento. Si sigo con el ejercicio veo que esta canción me queda muy bien, dirigida hacia mí:

Me doy una canción
si abro una puerta
y de las sombras salgo yo,
me doy una canción de madrugada
cuando más quiero mi luz,
me doy una canción
cuando aparezco
el misterio del amor
y si no lo aparezco
no me importa:
yo me doy una canción.

Si miro un poco afuera me detengo,
la ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.

Creen que lo digo todo,
que me juego la vida
porque no me conocen
ni me sienten.

Me doy una canción
y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar.
Me doy una canción
con mis dos manos,
con las mismas de matar.

Me doy una canción
y digo: Patria.
Y sigo hablando para mí.
Me doy una canción
como un disparo, como un libro,
una palabra, una guerrilla...
como doy el amor.

lunes 28 de septiembre de 2009

Digestión lenta

Un día, en vez del almuerzo de siempre, te comes un jabalí enorme. Hay de todo, carne, grasa, huesos, tuétanos. Sientes el sabor de cada pedazo que te metes en la boca (no creo que lo metas en las orejas), comes chupándote los dedos. Hasta que te das cuenta de que te comiste un entero jabalí. Y que te tomará medio siglo terminar de digerirlo. Así que gozas por el placer de masticar carne verdadera y sabrosa, pero sufres porque sabes que te arrastrarás pesadamente por un buen tiempo, hasta que termines de hacer la selección, de asimilar y rechazar, según.

domingo 27 de septiembre de 2009

No estoy

Es decir estoy, pero mucho, demasiado. Tanto que tengo que digerir todavía. Pero estoy mejor, eso sí. Estoy mejor y estoy peor, y estas son excelentes noticias: estoy, siento, vivo. Soy.

sábado 26 de septiembre de 2009

Retrato de grupo con rompecabezas

Apenas te haces un propósito noble, que harás realidad con una acción generosa y sin esperar alguna recompensa, la vida te pone a la prueba y te bofetea una situación peliaguda. Deberías ser noble y generoso, en cambio sientes tu ego herido y pones delante los brazos como reflejo de protección. Sólo un imprevisto te obliga a tragarte el orgullo, calmarte y pensar con la mente fría. Poco a poco logras ponerte en los paños del Otro y entender por qué te trató así. Te toma tiempo, sin embargo, hacer algo en serio, que corresponda a lo que sientes.
Entonces tú también te tomas algo de tiempo, para terminar de digerir y asimilar las cosas. Limpias tu casa y te dices que por fin, era hora, ahora sí que tienes el espacio ordenado que puede acoger mejor el trabajo de la mente, sin ponerle obstáculos cada dos por tres. Encuentras incluso, de casualidad y en un lugar obvio, un documento médico que buscabas desde hace un mes. Te duchas, te vistes, te maquillas y te vas al teatro.
Te suspendes y entras en la obra, vuelves a casa y para despejar tus nubes te arrimas al rompecabezas: falta poco, te dices, ¿y si tratara de terminarlo ahora? Y así, una pieza tras otra, vas llenando los espacios que quedaban vacíos del fondo, ese fondo casi uniforme y aparentemente tan difícil, que rodea a los enamorados de Klimt que se besan... Hasta que, casi sin darte cuenta, terminas. ¿Ya está? Sí, ya está.
Terminas también de pensar, de darle vueltas al asunto, de llorar, de lamentarte. Pensabas terminar el rompecabezas hacia el diez de octubre y en cambio está listo con dos semanas de anticipación. A lo mejor, pero no lo piensas muy fuerte por si las dudas, también otras cosas podrían terminarse antes de lo previsto. Podrías terminarlas.

viernes 25 de septiembre de 2009

Hay lecturas y lecturas

Hoy terminé el libro que me ocupaba: casi 300 páginas en una semana. Nada mal, sobre todo teniendo en cuenta mis ritmos de los últimos años (nulos). Y es que cuando uno tiene verdadero interés no hay límites que lo detengan.
Hoy releí viejas cartas, en realidad lo hago desde hace un par de semanas, las paso de la casilla de correo a un documento especial. No todas las cartas, sino aquellas, las importantes. Hace un año, hace uno y medio, hace algunos meses, él me decía ya las cosas que yo ahora voy poniendo en orden. Superficialmente parece que yo repita, claro, de puro floja. Y no, no es así. Es que no importa cuántas veces y de qué modo te digan ciertas cosas, si no las digieres y elaboras tú es como si no las hubieras oído nunca. Así que apenas, con gran conmoción, logro atar unos cuantos cabos sueltos, me doy cuenta, pocos días después, que él ya me había dicho todo eso tal cual. ¿Dónde estaba yo, cuando me hablaba o me escribía?
Bueno, lo que sé es que ahora estoy aquí, y cuando hablamos escucho y hasta hablo.
Hablo.

jueves 24 de septiembre de 2009

En el claro de la luna

(Silvio Rodríguez)

En el claro de la luna
donde quiero ir a jugar,
duerme la Reina Fortuna
que tendrá que madrugar.

Mi guardiana de la suerte,
sueña cercada de flor
que me salvas de la muerte
con fortuna en el amor.

Sueña, talismán querido,
sueña mi abeja y su edad;
sueña y si, lo he merecido,
sueña mi felicidad.

Sueña caballos cerreros,
suéñame el viento del sur,
sueña un tiempo de aguaceros
en el valle de la luz.

Sueña lo que hago y no digo,
sueña en plena libertad,
sueña que hay días en que vivo,
sueña lo que hay que callar.

Entre las luces más bellas
duerme intranquilo mi amor
porque en su sueño de estrellas
mi paso en tierra es dolor.

Mas si yo pudiera serle
miel de abeja en vez de sal
¿a qué tentarle la suerte
que valiera su soñar?

Suéñeme, pues, cataclismo,
sueñe golpe largo y sed,
sueñe todos los abismos,
que de otra vida no sé.

Sueñe lo que hago y no digo,
sueñe en plena libertad,
sueñe que hay días en que vivo,
sueñe lo que hay que callar.

Sueñe la talla del día,
—del día del que fui y del que soy—
que el de mañana, alma mía,
lo tengo soñado hoy.

(1974)

Escucha la canción.

miércoles 23 de septiembre de 2009

La mujer(,) (y) la propiedad privada

Hace ya semanas que yo hinchaba las pelotas a mi madre y le decía que debía comprarse otra computadora, el bicho que tienen en casa es tan lento que ya no da ni para abrir una pinche página en Firefox. Y ella postergaba la cosa, que ya veremos, que el dinero, etc. Hasta que el domingo pasado mi padre, en medio almuerzo, me dijo con voz ceremoniosa y preambulosa: "Mariela, quisiera pedirte un favor, necesitamos tu ayuda, aunque bien podríamos pedirle a tu hermano, pero es que a lo mejor él tiene unas ideas fijas, si consultamos a los dos pueden ver juntos bla bla bla etc etc etc; la mami necesita urgentemente una computadora nueva". En ese momento levanté las manos y dije (casi) aleluya, en realidad dije "¡por fin!". Mi hermano dijo "pero si hace rato que lo decimos nosotros también", y yo le contesté, justamente, que mientras no hubiera la voz oficial nada se hacía. Y lastimosamente es cierto, pocas cosas son las que decide autónomamente mi madre, en general o deciden juntos, hasta para lo que es dominio exclusivo de ella (como en este caso, ya que la computadora es para su trabajo y mi padre no la tocaría ni pagado), o decide él. O si decide ella es él, en definitiva, quien sanciona las cosas, quien pone el sello de "autorizado".
En fin, ayer fui con mi padre y uno de mis hermanos a comprar la tal computadora, portátil para que mi madre la use también cuando va a sus cursos o a visitar a las familias a lugares lejanos. Cuando ella llegó para la cena, ya bastante tarde, quedó muy contenta con la sorpresa, no esperaba que hiciéramos la compra tan pronto. Y además nos vio, a mí y a mi hermano, sudar la gota gorda para configurar todo para ella: caracteres grandes para sus problemas de vista, eliminación de iconos inútiles en el escritorio, accesos rápidos a cosas indispensables, instalación del messenger para que chatee con sus hermanos y sus amigos... Cuando por fin se acercó a probarla y yo le iba a mostrar las principales novedades, dijo: "ay, qué emoción, nunca habría imaginado que iba a tener una computadora toda para mí". Lo dijo con candor, seguramente sin pensar en lo que decía, y me dejó anonadada. Mi madre, como muchas mujeres, no se esperaba poder poseer algo, no llega a concebir la propiedad privada como algo que puede corresponderle de manera natural. Ella se considera únicamente como parte de una colectividad, la familia, y la individualidad se pierde en ese conjunto o se atenua mucho - por lo menos así es en su caso. Mujer como propiedad privada (del marido o de la familia), no como individuo con derecho a la propiedad privada.
Creo que lo que más me impresionó de este episodio fue que yo no había pensado en ello antes, que recién me voy dando cuenta de este status quo. Que, lo sé bien, difícilmente cambiará.

martes 22 de septiembre de 2009

Del dicho al hecho

Una cosa es saber, tener conciencia, entender, incluso digerir algo. Otra cosa es que este conocimiento se refleje en nuestros actos, en nuestra vida cotidiana. Es el paso que aún no logré dar.
Ya eliminé a todos los fantasmas que había creado a mi alrededor, ahora de verdad no me queda otra que tratar conmigo. En eso estoy, pero cuánto cuesta, precisamente, que todo sea congruente, coherente, continuo, sincrónico. Si hasta ahora hice todo al revés, ¿lograré volcar la tortilla?

lunes 21 de septiembre de 2009

Crónica de un nacimiento anunciado

Fueron días pesados y densos, al final de los cuales cualquier mínimo estímulo de reflexión me ponía en un estado de angustia, porque llegaba casi siempre a las mismas conclusiones: mis límites, mis carencias, el largo camino por andar (en subida, empinadísimo). Terminaba hecha trizas, agotada, desgastada. Y es que era todo cierto, pero no lo era todo.
Tras una crisis bastante aguda me puse mejor, aunque jamás habría imaginado que podía suceder de este modo, con semejantes episodios. Primero fue una lectura que me iluminó, mostrándome la otra cara de la moneda (¿qué podía hacer yo, de niña, sino armarme de una serie de mecanismos de defensa y perpetuarlos en modo automático?, son los mismos que actúo ahora y me basta invertir las cosas para comprender cada uno de mis gestos y hasta perdonarme), y esto todavía es bastante lógico, al final la lectura te lleva por zonas que no son tuyas siendo de todos modos, al mismo tiempo o en potencia, tuyas. Después fue una caca de perro que pisé apenas salí de casa y que me hizo putear, tuve que volver adentro y cambiarme, menos mal que estaba saliendo con relativa anticipación respecto al horario que me había fijado. Finalmente fue un grupo de teatro que presentaba un curso el que me dio el golpe de gracia.
Este último, el grupo, era espantoso: se hacían a los payasos todo el tiempo, no eran claros, no explicaban bien, sus actitudes eran muy de posa, o muy intelectualoides o demasiado de actores impenetrables, el lugar estaba lleno de gente fifí, un penetrante olor de perfumes de mujer te taladraba las narices y el cerebro, la gente estaba vestida con uniforme (de hippie, de chico rebelde, de chica alternativa, de mujer fatal, todos personajes en busca de una obra), para colmo una señora a mi lado parecía morirse de calor y no paraba de ventilarse nerviosamente con el folleto del curso. Todo este ambiente me sacaba de quicio y terminada la cosa salí cabreada, los habría agarrado a sopapos, y eso me ayudó a exprimir mis sentimientos y sacar la rabia. Y secar un poco, la rabia, quitarle las lágrimas y quedarme con su fuerza, su energía.

domingo 20 de septiembre de 2009

Yes we can

Se pueden decir las peores cosas con dulzura. Se puede acariciar con un puñete. Se puede golpear con una caricia. Lastimosamente.
Cuando te dices que algo te gusta solo para sufrir menos, para que la violencia sea menor, no estás solo mintiendo: cambias los parámetros, los criterios, los límites, los puntos de referencia. Si para colmo lo haces sistemáticamente con un sinfín de cosas, terminas por no entender qué es lo que sí te gusta, o pierdes la capacidad de hacerlo. Te dices que no hay mal que por bien no venga, pero por más que sea cierto no logras aceptar que las cosas no están bien. Entonces dale con que sí, está bien así, de todos modos se aprende, a recomenzar cada vez, a desandar lo andado. Lo que se hace por constricción termina por aparecer como una elección, la condena como un premio, el error como un simple ejercicio, el abuso como cariño, el cariño como una amenaza.