martes, 1 de mayo de 2007

el jardín y yo

Amenacé desde el principio con cortar el pasto. Así que apenas las niñas estuvieron desayunadas y vestidas me lancé afuera a dar fin con las melenas vegetales. No tomaba las riendas del jardín desde el años pasado: la gran diferencia era una serie de arbustos que mi suegro hizo poner a lo largo de la reja. Yo habría preferido la hiedra o el pino: nada, arbustos. El año pasado dije que nos llenaríamos de hojas por recoger, pero no cayó una sola hoja. No en otoño. En cambio este año, quién sabe por qué, las hojas cayeron en estos días de primavera. Así que cada vez que me acercaba a los arbustos con la cortadora eléctrica, ratatata plac puf tac trac sonaban las hojas secas que se hacían trizas entre las lamas. Con lo fácil que era antes cortar estilo campo de golf, con pocos obstáculos.
Ya en la tarde me agarró la obsesión perfeccionista y dejé el patio como postal suiza, sin un pelo fuera de lugar. Me puedo permitir el lujo de hacerlo porque todavía hay pocos mosquitos y escasa humedad. Dentro de un par de semanas será imposible. El asunto también es buena ocasión para tomar sol y mover el cuerpo, tan adormecido el pobre delante de esta compu.
Sé que las flores le dan un toque más vivo a la casa, pero no las quiero. Ya tengo hijas, pareja, trabajo, árboles, arbustos... ¿cuándo y con qué energías me ocuparé de las flores? Siempre se me murieron, pobres, mejor dejarlas en paz.

1 comentario:

  1. Las mujeres de hoy: cortadora eléctrica y no flores.

    Antes: cactitos, geranios, helechos, claveles, árboles frutales.

    Pero claro, antes: clase media, mujer encerrada en casa.

    La generación de mi madre, las setentonas o casi, las clasemedianas que empezaron a ir en grupos mayores a la universidad, no fueron forzadas por el mercado a dejar y, dejando, despreciar, las tareas de la casa: la cocina, el jardín, la huerta, el gallinero. Fueron, siguen siendo múltiples: profesionales, mujeres de afuera y de adentro, capaces, hábiles.

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